Disfruté el colegio a rolete y después de tanto andar mis amigos siguen ahí, digo acá, al lado. Agradezco que mi educación haya sido estatal y laica. Ad-miro a los que tienen fe y les pregunto a borbotones cuestiones que ignoro (algún bolazo por ahí, también). Los provoco porque busco respuestas que desconozco. Dudo. Dudo si ponerme la musculosa negra o color ciruela con mangas japonesas esta noche. Confieso que mis chistes son malos. Malísimos. Que no habrá misterio más que lo que no pasó aún. Aunque miro para atrás y se ve diferente cada vez.
Noto un lavado de cerebro (cuando subí a mi primer auto en la ruta una noche del primer tren en aquel vuelo aireoso mojada de la primera navegada con esos amaneceres en la montaña). Pido sinceridad aunque agonice más tarde (p*ta duele duele duele. Me la banco me la banco no me la banco dale oquei me la banco). Devuelvo la sinceridad. E invito, a cambio, a que me banquen. Apoyo/contengo/sostengo/cuido/empujo/provoco a quien/es amo.
Busco
No hablo cetáceo pero puedo ir más deeespaaaciooooooo. Reivindico el jogging y andar en patas. Busco una buena reproducción de ese cuadro para mi pared. Miro miro miro los ojos de algunos. Observo las caras de otros y sus pedazos de historia que llevan encima. Me los invento si no los conosco. Estanterías de vida. Sospecho de ese. Suelo confiar de una. Añoro aquel Pueblo, de mesas largas llenas de mi familia. Pretendo esto dejarlo para otro post. Disfruto de boludeces. Y de cuantas. Grabo detalles. Leo profundamente hasta hundirme en sueño con el libro a dos aguas sobre el pecho. Ruego lucidez hasta el día que me muera. Duelo de quienes la perdieron. Pido explicaciones cuando no entiendo un quinoto (eh?). Confieso no tener miedo al ridículo. Guardo una bolsa de otros miedos. Miedo a que algunas cosas no sucedan. Aspiro a esa frase roncamente vacía que dice aprender a vivir cada día mejor. Y anhelo poder viajar toda mi vida.

